Lecciones aprendidas 2020

Lecciones aprendidas sobre transformación digital

El inicio del año es un momento ideal, tanto para planificar la actividad del ejercicio que comienza, como para reflexionar sobre las experiencias vividas y sus lecciones aprendidas.

“El aprendizaje es experiencia, todo lo demás es información” 

Albert Einstein

 

El 2019 ha sido un año en el que la transformación denominada digital, ha seguido en plena vigencia en todos los ámbitos: en los planes de las empresas, en los programas de formación, en las conferencias y eventos, etc.

Una actividad que en los próximos años dejará de ser una tendencia y se convertirá, tal y como la conocemos hoy, en un elemento habitual de la estrategia de las empresas.

Seguramente, estemos en las puertas de una nueva tendencia (o palabra), que convierta la transformación en un aspecto cotidiano. 

La cuestión es, si la transformación digital está costando hoy asimilarse por un gran número de organizaciones, ¿qué ocurrirá cuando se convierta en un requisito (ya no una oportunidad) para seguir compitiendo en el mercado?

En el año que acaba, me he encontrado con empresas que, ¡por fin! han a decidido iniciar sus procesos de transformación, otras que están replanteándose sus planes ante la falta de impacto de la estrategia definida, y las más avanzadas, que están iniciando un nuevo ciclo de transformación (en la idea de que la evolución del modelo de negocio va a ser una constante de la nueva economía).

En abril 2019, publicaba en este blog un post sobre “lecciones aprendidas” que, en el ánimo de apoyar en los distintos procesos de cambio, me atrevo a ampliar con los aprendizajes del año.

La gestión inteligente de los datos sigue siendo el reto de las compañías

Prácticamente todas las organizaciones tienen incorporada en su estrategia la idea de avanzar hacia una “Data Driven Company”, pero realmente son pocas las que lo están consiguiendo.

El error más habitual, y es una constante en las distintas iniciativas de los planes de transformación, es la falta de una visión única que integre recursos y esfuerzos.

El primer paso para avanzar hacia una compañía guiada por los datos es abordar el cambio cultural y organizativo, pensar que nos convertiremos en una “DDC” invirtiendo en tecnología (por muy sofisticada que sea) y contratando data scientist, es un error que está aportando escasos resultados.

La estrategia inteligente pasa por: 

  • Poner al cliente en el centro (los datos son para conocer al cliente -no para ser los reyes de la información del sector-).
  • Situar el dato como un activo estratégico de la compañía.
  • Intensificar los procesos de calidad y captación de los datos de valor.
  • Evolucionar la organización, agilizando la toma de decisiones basada en datos e incorporando los nuevos roles que afiancen el modelo.
  • Desarrollar las habilidades de los profesionales y atraer el talento necesario para completar las capacidades organizativas.
  • Invertir con inteligencia en la tecnología que mejor se adapta a necesidades y estrategia.

 

El “cortoplacismo” el gran enemigo del futuro

Prácticamente todos los CEO’s y Directores Ejecutivos de las compañías tienen en sus discursos la innovación y la transformación como elementos prioritarios de su estrategia, pero luego, en realidad, lo que sucede es que existen barreras tanto culturales (statu quo) como presupuestarias que impiden que estas buenas intenciones se materialicen en avances significativos para la organización.

Posiblemente el principal problema que bloquea los importantes cambios que necesitan las empresas, en una era de avances continuos como la actual, sea el cortoplacismo imperante en la mayoría de ellas.

¡Está comprobado! La tensión de los objetivos anuales, en muchos casos trimestrales, están impidiendo que muchas organizaciones desarrollen de forma satisfactoria sus proyectos de innovación y transformación y, por lo tanto, están sacrificando su futuro, por un corto, que cada vez es más corto.

Gestionar el día a día y el futuro es, seguramente, el gran desafío de los líderes actuales y conseguirlo tiene que ver con una visión que integre en la estrategia de forma sincronizada los dos ritmos que necesitan las organizaciones.

La presión del corto es una realidad, pero también en muchos casos, se convierte en la excusa perfecta para seguir confortablemente en la zona de confort, sin realizar el esfuerzo de definir y ejecutar los planes de futuro.

La cuestión es ¿se ha realizado el ejercicio de transformación y se ha decidido que no es compatible con los resultados que tiene que generar la empresa en el ejercicio? o, simplemente, se ha decidido (desde la ignorancia y el confort) que a la empresa le va razonablemente bien y para qué cambiar.

 

El propósito no está tan claro

Una cosa es tener una misión y otra muy distinta, que ésta sea parte de la cultura de la organización.

La realidad, que veo cada día en muchas organizaciones, es el desigual entendimiento que los profesionales tienen del Propósito de la compañía.

Siempre que hablo de este tema, se me viene a la cabeza la cita de Séneca “Ningún viento es favorable para el barco que no sabe cuál es su puerto de destino”.

En tiempos de cambios disruptivos como los actuales tener claro el “faro” es un elemento de la máxima importancia que no se puede dejar a interpretaciones.

Cada vez más, el propósito (y la coherencia en su desarrollo) se está convirtiendo en la verdadera imagen de las marcas. Ya no es suficiente con ofrecer calidad y buen precio, también es necesario trasladar una auténtica preocupación por la sostenibilidad.

Tener un propósito significativo, inspirador, positivo, sencillo, ambicioso, sostenible y transformador, es posiblemente el primer paso de los planes de transformación.

No se trata de cambiar (por cambiar) el Propósito tradicional, se trata de revisarlo y asegurar que:

  • Es adecuado para los nuevos comportamientos de los consumidores y retos de la sociedad actual.
  • Es conocido y entendido tanto interna como externamente.

 

¿Qué lecciones sobre transformación o liderazgo habéis aprendido durante el?

 

Gracias por leerme. ¡Feliz 2020!

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