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Digitalizar es conocer al cliente y el síndrome del objeto brillante

 

Como digitalizar se ha vuelto algo esencial en estos últimos meses os comparto un resumen de los artículos publicados en Invertia | El Español y Dirigentes_Digital, muy relacionados entre sí sobre las prioridades de la digitalización y algunos errores a evitar.

“Tienes que decidir cuál es tu máxima prioridad y tener el coraje de decir ‘NO’ a otras cosas.”

Stephen Covey

Digitalizar es conocer al cliente (En Invertia)

El coronavirus ha dado protagonismo a la digitalización, un concepto del que venía hablándose en los últimos años, pero que ahora empieza a tomar forma para algunos. Digitalizarse es algo más que contar con una tecnología, es fundamentalmente incorporar una nueva cultura en las organizaciones y saber aprovechar el potencial de las capacidades digitales, entendiendo los cambios en los comportamientos de los clientes, la importancia de los datos y la disrupción que se está produciendo en los modelos de negocio.

El Covid-19 ha puesto de manifiesto que tener una base de datos con la información básica de los clientes puede ser un salvavidas para todo tipo de empresas en los momentos más críticos. Esto es algo que afecta a todos los sectores.

El conocimiento del cliente a través del dato es el primer paso de la digitalización.

Por ejemplo, los restaurantes y bares que tenían el nombre, teléfono, email y dirección de sus clientes han podido contactar con ellos para hacerles una oferta, ya sea en forma de cupones de descuento para la reapertura con el fin de conseguir liquidez o sirviendo o facilitando la comida a domicilio.

Hoy no hay diferencias entre empresas grandes y pequeñas a la hora de abordar este reto, por ejemplo, algunas empresas del Ibex 35 han tenido serios problemas para poder seguir “funcionando” cuando les sorprendió la pandemia y tuvieron que ir deprisa y corriendo a comprar PCs y móviles para que sus trabajadores pudieran trabajar en casa con una mínima infraestructura.

Empresas que teóricamente deben tener su plan de continuidad de negocio y una sistemática de simulacros.

Antes del Covid-19 España presentaba un desigual panorama en términos de digitalización. Por un lado, a nivel europeo, estábamos a la cabeza de infraestructuras -algo que ha quedado patente durante los meses de confinamiento-. Por otro lado, en la parte del negocio y del capital humano, estamos retrasados en cuanto al entendimiento de cómo aplicar al negocio y al capital humano las nuevas tecnologías.

En este contexto, el Plan Acelera PYME es una oportunidad para las empresas y es imprescindible que el dinero realmente llegue a la empresa y al empresario, para que hagan los procesos de transformación que son necesarios en sus compañías.

Tenemos que aprender de los errores del pasado y no utilizar las ayudas para seguir poniendo parches, porque de esta forma nunca tendremos un tejido empresarial moderno y competitivo.

El síndrome del objeto brillante (En Dirigentes_digital)

El síndrome del objeto brillante no es una enfermedad, es simplemente una distracción por algo novedoso. Nos pasa a todos. Lo nuevo por el simple hecho de serlo es mucho más atractivo y lo priorizamos con escasa investigación.

En el contexto de los negocios y en especial en el ámbito de la transformación digital, en el que continuamente están apareciendo tecnologías disruptivas, el síndrome adquiere una importancia especial, tanto por su impacto financiero como en el del negocio.

No hay nada peor que decidir desde la ignorancia empezando la casa por el tejado, es decir, por la tecnología sin tener clara la estrategia y el plan de acción.

Hoy los empresarios y ejecutivos que no entienden las posibilidades de las nuevas tecnologías digitales tienen muchas posibilidades de caer en este síndrome del objeto brillante e invertir en herramientas digitales en apariencia atractivas, pero, en muchos casos, de escasa relevancia para el crecimiento y desarrollo de su negocio.

Estos líderes desinformados, según leo en un artículo de McKinsey, son más proclives a realizar inversiones digitales fragmentadas, superpuestas o de escala insuficiente, perseguir iniciativas en el orden incorrecto, o pasar por alto medidas básicas que facilitarían el logro de otras más avanzadas.

La tecnología soluciona situaciones muy problemáticas, pero desde luego, lo que no soluciona es la falta de estrategia.

Afortunadamente existe un excelente tratamiento para combatir este “síndrome”:  tener bien definida la estrategia y la hoja de ruta de la transformación que tienen que partir un propósito ilusionante y compartido, que sitúe al cliente en el centro de la actividad y atraiga al mejor talento, con una tecnología que actúe como facilitadora e impulsora del cambio.

 

¿Identificas en tu organización el síndrome del objeto brillante? Anímate y participa en el blog.

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