«Toda persona es capaz de aprender; lo difícil es despertar el deseo de hacerlo.»

Atribuida a Carl Rogers.

Esta semana he terminado un curso de Neurobiología de la Universidad de Chicago en Coursera.

Cuando decidí hacerlo, mi objetivo era comprender mejor cómo funciona nuestro cerebro. En un momento, en el que dedicamos tanto tiempo a entender cómo funciona la inteligencia artificial, me parecía necesario intentar comprender un poco mejor cómo funciona la nuestra.

Quería profundizar en los mecanismos del aprendizaje, la memoria, la atención y la toma de decisiones. En definitiva, entender un poco mejor el órgano que determina cómo pensamos, cómo decidimos y cómo nos adaptamos al mundo.

Sin embargo, la principal lección del curso no ha sido descubrir (en caso de que fuera posible) cómo aprende el cerebro.

Ha sido comprender por qué no podemos dejar de aprender. Porque seguir aprendiendo no es únicamente una forma de adquirir conocimientos; es una necesidad biológica.

Durante mucho tiempo, hemos entendido el aprendizaje como una etapa de la vida. Estudiábamos para incorporarnos al mercado laboral y, una vez adquirida la experiencia necesaria, dejábamos que fuera el propio trabajo quien completara nuestra formación. A partir de ese momento, aprender (aunque os aseguro que no ha sido mi caso) pasaba a ocupar un lugar secundario, casi como una actividad opcional.

He podido comprobar que la neurobiología dibuja un escenario muy diferente.

Nuestro cerebro no es una estructura terminada. Es un órgano extraordinariamente plástico, capaz de reorganizar continuamente sus conexiones en función de aquello que aprende, practica y experimenta. Cada nuevo conocimiento, cada habilidad que desarrollamos y cada reto intelectual al que nos enfrentamos, contribuyen a mantener activa esa capacidad de adaptación.

Por lo tanto, aprender no solo cambia lo que sabemos, también tiene un alto impacto en la evolución de nuestro cerebro.

Y esa idea adquiere una dimensión completamente nueva en la era de la inteligencia artificial.

Nunca habíamos tenido acceso a tanto conocimiento. Nunca había sido tan sencillo obtener una respuesta, un resumen, una explicación o incluso un análisis complejo en cuestión de segundos.

La IA es una herramienta extraordinaria. Multiplica nuestra productividad y amplía nuestras capacidades. Sería absurdo renunciar a ello.

Pero también plantea una pregunta que me parece mucho más importante que cualquier avance tecnológico:

¿Quién está entrenando hoy nuestro cerebro?

Porque existe una diferencia enorme entre utilizar la IA para aprender y utilizarla para evitar el esfuerzo de aprender.

Si dejamos que piense por nosotros de forma sistemática, estaremos ganando velocidad, pero quizá perdiendo algo mucho más valioso, como es la capacidad de comprender, relacionar ideas, cuestionar, recordar y construir criterio propio.

La neurobiología nos recuerda que el cerebro funciona de una manera muy parecida a cualquier otro sistema del organismo.

Lo que se ejercita se fortalece.

Lo que deja de utilizarse, acaba debilitándose.

Nadie esperaría mejorar su condición física viendo entrenar a otra persona. Del mismo modo, tampoco podemos desarrollar nuestra capacidad de pensar delegando permanentemente ese esfuerzo en otra inteligencia.

La IA debería convertirse en el mejor compañero posible para aprender, no en el sustituto de nuestra curiosidad.

Quizá uno de los grandes desafíos de los próximos años no sea aprender más para competir con la inteligencia artificial, sino aprender más para seguir desarrollando aquello que, precisamente, nos permite utilizarla con inteligencia: nuestro cerebro.

Porque el conocimiento puede delegarse. El aprendizaje, no. Es el aprendizaje el que mantiene nuestro cerebro en funcionamiento, fortalece nuestras conexiones neuronales y nos permite seguir adaptándonos a un mundo en constante cambio.

***

P. D. Nunca en la historia había sido tan fácil acceder al conocimiento. Aprender de los mejores, desde cualquier lugar y a cualquier ritmo, está al alcance de casi cualquiera. La tecnología ha eliminado muchas barreras. La única que puede permanecer es nuestra decisión de seguir aprendiendo.

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8 comentarios de “¿Quién está entrenando tu cerebro?

  1. José Antonio Calvo Mainar dice:

    Muy bien planteado Adolfo: «existe una diferencia enorme entre utilizar la IA para aprender y utilizarla para evitar el esfuerzo de aprender». Me parece una manera muy lúcida de sintetizar dos mensajes críticos para el momento que vivimos: lo que nos dice Adela Cortina sobre el abismo que existe entre utilizar los sistemas inteligentes para tomar mejores decisiones y delegar esas decisiones en esos sistemas; y lo que nos dijo Peter Senge sobre que la capacidad de aprender para adaptarte como única ventaja competitiva sostenible. Muchas gracias Adolfo. Un abrazo.

  2. jesus dice:

    Interesante reflexión Adolfo.
    Hace poco una diseñadora de interiores comentaba que la IA realiza propuestas muy visuales y atractivas de cualquier espacio, combina materiales, alternativas, y su creatividad como diseñadora la veía amenazada, pues bien, sin ánimo de entrar en lo acertado de su comentario, sí que con cierta resignación reconocía que la IA le deja más tiempo para fregar, barrer, planchar y cocinar. Está clara la amenaza en cualquier trabajo, pero la elección de las capacidades cognitivas que queramos desarrollar es nuestra, si amplía nuestra capacidad de pensar, con esfuerzo, error y práctica creo que será apuesta segura, sea un soduko, una sopa de letras o lo que sea. Gracias como siempre por hacer que pensemos y que nuestras redes neuronales mantengan la atención y el pensamiento crítico.

  3. Antonio Nogal dice:

    Magnífico artículo. Me gusta especialmente que no plantees la inteligencia artificial como un rival del ser humano, sino como una herramienta que puede ayudarnos a aprender más y mejor. Al final, la cuestión es sencilla: ¿la utilizamos para desarrollar nuestras capacidades o para evitar el esfuerzo de pensar? Ahí está la diferencia.
    Ramón y Cajal decía: «Todo hombre puede ser escultor de su propio cerebro.». Como bien indicas, cada vez que aprendemos, estamos moldeando nuestro propio cerebro. Felicidades

    • Adolfo Ramírez Morales dice:

      Gracias Antonio, es un tema apasionante. Estamos en un momento critico de la humanidad. ¡Como dejemos de aprender, de equivocarnos, de pensar, de decidir …! Un abrazo,

  4. RAUL JIMENEZ FERNANDEZ dice:

    Adolfo, admirable esa actitud de convertir el aprendizaje en esencia de nuestro comportamiento y evaluar cada herramienta, proceso o elemento según su capacidad para contribuir a nuestro aprendizaje

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