“La estructura sigue a la estrategia.”

Peter Drucker

Una tendencia que empieza a consolidarse

En mis habituales conversaciones con profesionales de sectores muy distintos, y también en muchos de los artículos, informes y casos empresariales que reviso cada semana, ha aparecido de forma recurrente en los últimos meses una tendencia que empieza a consolidarse: la reducción de los mandos intermedios.

A primera vista podría parecer una consecuencia más de la búsqueda de eficiencia, la automatización de tareas o la presión por reducir costes. Sin embargo, si lo pensamos con detenimiento, encaja perfectamente en la lógica de los cambios que la inteligencia artificial está introduciendo en las organizaciones.

La IA no solo está transformando procesos. Está alterando la forma en que fluye la información, se coordinan las actividades y se toman decisiones. Y cuando cambian las reglas del trabajo, también cambian las estructuras organizativas que fueron diseñadas para hacerlo posible.

Lo relevante no es que algunas empresas estén eliminando capas de gestión. Lo verdaderamente importante es que una parte significativa de las actividades que históricamente justificaban la existencia de esos niveles empieza a realizarse de otra manera.

Por eso, el debate no debería centrarse únicamente en cuántos puestos desaparecerán. La cuestión de fondo es mucho más relevante: cómo evolucionará la función directiva en organizaciones donde la información circula más rápido, las decisiones pueden tomarse más cerca de donde se genera el valor y la inteligencia artificial asume cada vez más tareas de coordinación, análisis y seguimiento.

No estamos asistiendo simplemente a una reducción de mandos intermedios. Estamos asistiendo a la transformación de uno de los pilares sobre los que se han construido las organizaciones modernas.

Dos realidades que ninguna organización puede ignorar

Todo apunta a que los mandos intermedios se enfrentan a una transformación sin precedentes.

La primera realidad es que sus funciones están cambiando radicalmente. Históricamente, buena parte de su valor consistió en recopilar información, consolidarla, trasladarla hacia arriba en la organización, comunicar decisiones hacia abajo y coordinar actividades entre áreas. Hoy muchas de esas tareas son precisamente las que la IA está aprendiendo a realizar mejor, más rápido y sin descanso.

La segunda realidad es que las organizaciones necesitarán menos mandos intermedios. No necesariamente por una decisión estratégica deliberada, sino porque una parte relevante de las actividades que justificaban esos puestos podrá automatizarse. Gartner estima que antes de finalizar 2026 una de cada cinco organizaciones habrá utilizado la inteligencia artificial para eliminar más de la mitad de sus posiciones de mando intermedio.

No se trata de dos fenómenos independientes. Son dos consecuencias de la misma causa.

La jerarquía sobrevivió porque resolvía un problema real

Desde el ejército romano hasta las grandes corporaciones del siglo XX, las organizaciones complejas respondieron siempre al mismo desafío: hacer que la información fluyera con eficacia.

La solución fue construir jerarquías.

Los mandos intermedios actuaban como traductores entre la estrategia y la ejecución, entre la dirección y los equipos, entre los datos y las decisiones. Su función principal era conectar partes de la organización que no podían conectarse por sí mismas.

Los distintos niveles jerárquicos no sobrevivieron por tradición ni por inercia. Sobrevivieron porque resolvían un problema real.

Cada ola tecnológica se lleva lo prescindible

Las grandes transformaciones tecnológicas no eliminan empleos por sí mismas. Eliminan funciones que han dejado de aportar valor.

La inteligencia artificial está cuestionando una de las funciones históricas de las organizaciones: la intermediación de la información.

Por primera vez, los datos pueden llegar directamente a quien debe decidir. El conocimiento es accesible en cualquier nivel. El análisis puede realizarse en segundos.

Y cuando cambia la forma de gestionar la información, también cambia la forma de organizar el trabajo.

Lo que las empresas ya están haciendo

Basta con estar un poco atento a la información empresarial para comprobar que los movimientos ya son visibles.

Amazon eliminó cerca de 14.000 puestos corporativos a finales de 2025 con el objetivo explícito de reducir capas organizativas. Su CEO, Andy Jassy, fue directo: los mandos intermedios “quieren dejar su huella en todo”, y eso frena la velocidad y la capacidad de decisión.

Bayer redujo sus capas jerárquicas de doce a seis, eliminó dos tercios de sus roles directivos y creó más de 2.000 equipos autónomos de entre seis y diez personas con autoridad para tomar decisiones que antes requerían múltiples aprobaciones.

El patrón es siempre el mismo: reducir la distancia entre la información, la decisión y la acción.

No es una tendencia futura. Es una transformación en marcha.

¿Qué pueden hacer las organizaciones?

Peter Drucker afirmaba que «la estructura sigue a la estrategia». Si la inteligencia artificial va a transformar la forma de trabajar, también tendrá que transformar la forma de organizarse. Por eso, el debate no debería centrarse únicamente en la adopción de la tecnología, sino en cómo adaptar la organización a las nuevas capacidades que esa tecnología hace posibles.

Tres decisiones parecen especialmente relevantes, en el ámbito de los mandos intermedios.

  1. Redefinir la función antes que reducir la estructura. Si la IA asume una parte creciente de la gestión de la información y de la coordinación rutinaria, la pregunta ya no es cuántos mandos intermedios serán necesarios, sino qué funciones seguirán aportando valor. Desarrollo de personas, gestión de la ambigüedad, construcción de confianza, coordinación de equipos complejos o liderazgo del cambio son algunas de las capacidades que ganarán relevancia.
  2. Invertir en capacidades antes que en recortes. McKinsey estima que más del 40% de las horas de trabajo actuales podrían automatizarse con tecnologías ya disponibles. Sin embargo, las organizaciones que obtienen mejores resultados son aquellas que combinan automatización con recualificación del talento. La eficiencia es importante. La capacidad de adaptación lo es todavía más.
  3. Diseñar la transición como una transformación organizativa. Las compañías que están avanzando con más éxito entienden que la IA no es solo una herramienta tecnológica. Es un cambio en la forma de trabajar, tomar decisiones y crear valor. La tecnología habilita la transformación. La dirección debe diseñarla y liderarla.

La pirámide no desaparece. Se transforma.

El fin de la pirámide tal y como la conocemos no es un derrumbe. Es la consecuencia lógica de un cambio profundo en la forma de trabajar, tomar decisiones y gestionar la información.

El verdadero riesgo no está en mantener funciones que han dejado de ser necesarias, sino en la incapacidad de adaptar el modelo de gestión a una nueva realidad.

Por eso, las organizaciones que se limiten a reducir capas obtendrán eficiencia, pero las que aprovechen esta transformación para rediseñar su modelo de gestión construirán una ventaja competitiva mucho más difícil de replicar.

 

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