“Envejecer es todavía la única manera que hemos encontrado de vivir una larga vida”

Sainte-Beuve

Uno de lo elementos clave del cambio que estamos viviendo, sin lugar a duda, es la longevidad.

Gracias a Juan Martin de CENIE y a la editorial Siruela he tenido la oportunidad de leer “Un instante eterno” de Pascal Bruckner, en mi opinión un libro imprescindible para entender la longevidad y la generación silver.

Esta semana, haremos un paréntisis en los temas de transformación y dedicaremos el post a compartir algunas ideas de la su primera parte de este trabajo que, en ningún caso pretenden ser su resumen.

El veranillo de la vida

Desde hace un siglo, la raza humana ha estado jugando a la prolongación de la vida, al menos, en los países ricos, donde la esperanza de vida ha aumentado entre 20 a 30 años más. Podríamos decir que ha emergido una “generación extra”.

Hoy ya no hay una, sino muchas edades de mayores y solo la que está inmediatamente antes de la muerte merece el nombre de anciana, por lo tanto, se necesita un desglose más fino de la escala generacional.

Una reflexión que me ha parecido importante y que por lo menos necesita unos minutos de nuestra atención “la longevidad es una variedad estadística, no una garantía personal”. ¡Disfrutemos cada día!

Es excelente que las personas mayores de 50 años no deseen hoy en día permanecer al margen, sino persistir en su expresión, para hacer campaña contra la discriminación de la que son objeto, a pesar de que representan casi el 30% de la población.

Una lucha por permanecer en la luz y no caer en la categoría de los invisibles.

Se podría decir, que el secreto de una vejez feliz radica en cultivar todas tus pasiones, todas las capacidades hasta bien avanzada la vida, en no abandonar nunca ningún placer ni ninguna curiosidad, el lanzarse a retos imposibles, en continuar hasta el último día amando, trabajando, viajando y permanecer abierto al mundo y a los demás.

Permanecer en la dinámica del deseo

Me apasiona el final de mi vida. No me siento viejo en absoluto, excepto cuando me afeito y me veo en el espejo”. Keith Richards

La experiencia y el conocimiento suelen avanzar con los años: mantener o recuperar una actividad significa volver a poner a las personas en contacto, al servicio de los demás, convirtiéndolas en actores de nuevo, en el pleno sentido de la palabra. Significa poner fin al prejuicio de que los mayores son una clase parásita, de la que se espera ansiosamente que ceda el paso a los más jóvenes.

Los jóvenes y los mayores no tienen las mismas habilidades y pueden complementarse en lugar de anularse mutuamente.

El fin obligatorio (o semiobligatorio) a partir de los 60 (o de los 50) nos sumerge en la maldición del ocio absoluto como forma de vida, como si poblaciones enteras de cabezas canosas volvieran a sumergirse en el mundo infantil de los parques de atracciones.

En la mayoría de los casos, este tiempo libre no se utiliza para actividades culturales, sino para hipnotizarse delante de las pantallas, que acaparan la mayor parte de la atención. Envejecer significa (y tenemos que evitarlo con todas nuestras fuerzas), beber demasiado té de hierbas de los ojos que es la televisión o la web.

La jubilación es el paradigma de una gran conquista, que puede convertirse en una calamidad para sus beneficiarios.

¿Qué vamos a hacer con nuestros 20 años (de vida extra al 100% de capacidades)?

En nuestra sociedad individualista se nos ofrecen, al menos, dos modelos o alternativas:

  • no poner límites a nuestros apetitos y encontrar en esta etapa los sueños de un adolescente, o
  • decidir que las pruebas han terminado y entrar en el mundo de los viejecitos que echan la partida, que juegan a la petanca mientras esperan la sopa.

Algo parece claro, en cada etapa de su desarrollo, la vida se rebela contra lo irreversible.

Un instante eterno, disfruta de su lectura.
Feliz verano.
Adolfo

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2 comentarios de “Un instante eterno

  1. Gonzalo Orejas dice:

    Hola Adolfo. Gracias por publicar tu blog y, en particular, esta entrada sobre envejecer. Quiero aprovechar parar recomendarte a ti y a tus lectores otro libro sobre el envejecimiento en particular, y el discurrir del tiempo en general, escrito por el prestigioso catedrático de Biología Molecular de la Universidad de Oviedo: “El sueño del tiempo”. Es un magnífico ensayo sobre las bases científicas y humanísticas del envejecimiento, haciéndolas comprensibles para todos. Una joya.

    • Adolfo Ramirez dice:

      Gonzalo, gracias por participar en el blog. Gracias por tu recomendación. El sueño del tiempo. Comprado y lectura estival prioritaria. Un abrazo

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